Como un Atleta
Posted 05-Feb-2009 at 08:36 by zetha
Una fuerte brisa, fría y agresiva, golpeó su rostro cuando abrió la puerta. Julio iba en dirección a la calle. Miró rápidamente a los
extremos. La vía se encontraba totalmente vacía. Caía la noche y las luces comenzaban a encenderse en las casas vecinas. "No soporto más esta situación", murmuró.
En la cocina su esposa picaba con furia una cebolla, mientras gritaba toda suerte de improperios contra su marido. Su actitud revelaba molestia. Tenía el ceño fruncido y depositaba toda la carga de su rabia contra el cuchillo mientras seguía convirtiendo en cuadritos pequeños aquella hortaliza.
Los problemas habían comenzado cuando el hombre comenzó a ir a la iglesia. Su esposa no decía nada al comienzo. Por el contrario,
acariciaba con entusiasmo la idea de que él dejara de beber los fines de semana. Lo que sí no compartió fue el hecho de que no salieran a bailar de vez en cuando. "Estás loco. Te volviste un fanático religioso", le gritaba en medio de su frustración porque ya no podía, como antes, echarse una canita al aire.
Al comienzo Julio quiso renunciar a su vida cristiana. Estaba tan desesperado con la situación, que pensaba en la posibilidad de irse de casa. Sin embargo, un día cualquiera y tras hacer la lectura devocional de la Biblia, leyó la enseñanza de Jesús a sus discípulos: "Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan" Mateo 11:12 Cf. Lucas 16:16.
Esos períodos de clamor en la presencia del Señor, le sirvieron para llenarse de sosiego, fortalecerse y comparar sus luchas en la vida
cristiana, con el atleta que tiene fija su mirada en la meta y sabe que –sin importar lo que salga al paso—debe seguir corriendo.
Es probable que usted enfrente una situación similar. Está desesperado. No encuentra la salida al laberinto. Ha llegado a pensar
que no vale la pena seguir luchando. Pues queremos invitarlo para que haga un alto en el camino. ¡Ni siquiera lo intente! No podemos
renunciar a nuestro andar cristiano.
La victoria está asegurada si volvemos nuestra mirada al Creador. Nada nos impedirá vencer. Lo que estamos llamados ahora, es a
levantar la mirada y disponernos a luchar, a brazo partido si es necesario. Con Jesucristo como nuestro capitán, tenemos ganadas no
solo las batallas sino la guerra completa que estemos librando.
extremos. La vía se encontraba totalmente vacía. Caía la noche y las luces comenzaban a encenderse en las casas vecinas. "No soporto más esta situación", murmuró.
En la cocina su esposa picaba con furia una cebolla, mientras gritaba toda suerte de improperios contra su marido. Su actitud revelaba molestia. Tenía el ceño fruncido y depositaba toda la carga de su rabia contra el cuchillo mientras seguía convirtiendo en cuadritos pequeños aquella hortaliza.
Los problemas habían comenzado cuando el hombre comenzó a ir a la iglesia. Su esposa no decía nada al comienzo. Por el contrario,
acariciaba con entusiasmo la idea de que él dejara de beber los fines de semana. Lo que sí no compartió fue el hecho de que no salieran a bailar de vez en cuando. "Estás loco. Te volviste un fanático religioso", le gritaba en medio de su frustración porque ya no podía, como antes, echarse una canita al aire.
Al comienzo Julio quiso renunciar a su vida cristiana. Estaba tan desesperado con la situación, que pensaba en la posibilidad de irse de casa. Sin embargo, un día cualquiera y tras hacer la lectura devocional de la Biblia, leyó la enseñanza de Jesús a sus discípulos: "Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan" Mateo 11:12 Cf. Lucas 16:16.
Esos períodos de clamor en la presencia del Señor, le sirvieron para llenarse de sosiego, fortalecerse y comparar sus luchas en la vida
cristiana, con el atleta que tiene fija su mirada en la meta y sabe que –sin importar lo que salga al paso—debe seguir corriendo.
Es probable que usted enfrente una situación similar. Está desesperado. No encuentra la salida al laberinto. Ha llegado a pensar
que no vale la pena seguir luchando. Pues queremos invitarlo para que haga un alto en el camino. ¡Ni siquiera lo intente! No podemos
renunciar a nuestro andar cristiano.
La victoria está asegurada si volvemos nuestra mirada al Creador. Nada nos impedirá vencer. Lo que estamos llamados ahora, es a
levantar la mirada y disponernos a luchar, a brazo partido si es necesario. Con Jesucristo como nuestro capitán, tenemos ganadas no
solo las batallas sino la guerra completa que estemos librando.
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