Padre amado: ponemos ante tu trono a todas nuestras autoridades mi Dios; desde el presidente de la nación (bendicelo a él y su familia), pasando por nuestros lideres espirituales desde los pastores, predicadores, coordinadores, ancianos, ujieres, alabantes hasta nuestros hermanos mayores en fe, para que tu mores en sus corazones y que hagan las cosas que te son agradables. Dales el poder mi Dios para reprender al enemigo que en forma de corrupción, enriquecimiento ilícito, trafico de influencias, nepotismo, murmuración, etc, quiere derrumbar tu reino; ese reino que nunca perecerá, porque tu eres victorioso. Danos a nosotros, tu ejercito, buenos lideres y coraje para ir a la batalla contra el maligno. Amen.
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¡Tranqui, voy contigo!
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